My Father's Shadow: un pasado en verde y negro
- Andrei Theodor Stamate

- Nov 21
- 2 min read
La primera película nigeriana que se estrena en Cannes llegó al 22 Festival de Sevilla para llevarse el premio a la Mejor Película de la sección Rampa

Título original: My Father´s Shadow
Año: 2025
Duración: 94 minutos
País: Nigeria
Dirección: Akinola Davies
Guion: Akinola Davies y Wale Davies
Música: Cj Mirra, Duval Timothy
Fotografía: Jermaine Canute Edwards
Reparto: Ṣọpẹ́ Dìrísù, Chibuike Marvellous Egbo, Godwin Egbo, Akerele David
Género: Drama
Estreno España: 06/02/2026
Entre Benín, Camerún, Níger y Chad, bordeando la costa de África occidental, está Nigeria. La ciudad más grande del país es Lagos, bastión de esperanzas, futuros y miradas. A pesar de que hoy la localidad está en peligro de inundación constante por las terribles lluvias, consecuencia de un cambio climático voraz, hace décadas era lugar de lucha. Los recuerdos en las grandes urbes están fragmentados, entremezclados y contaminados con el ruido, los olores y las voces de los cientos de personas que se pueden llegar a cruzar en tu camino. Sin embargo, hay memorias cuyo mayor enemigo es el paso del tiempo. Las memorias de la familia.
Akinola Davies, en su primer largometraje, nos traslada a su país, Nigeria, en una época donde los colores vivos de su bandera se apagaron. Aki (Godwin Egbo) y Remi (Chibuike Marvelous Egbo) viven con su madre, mientras su padre, Folarin (Ṣọpẹ́ Dìrísù), trabaja en Lagos. Lo esperan aburridos, imaginando, soñando, deseando su regreso. Cuando su padre vuelve al hogar, ahí comienzan los recuerdos. El padre recoge a sus dos hijos para llevárselos de excursión a la metrópoli. Un viaje inolvidable lleno de ternura, pero de memorias manchadas y voces silenciadas.

El director nos sumerge en su vida, obligándonos a mirar al lugar más personal de su familia y de su país. La expresión casi documental de la película nigeriana logra la empatía más descarnada, traspasando la pantalla y viendo en Folarin a la figura paterna que muchos tuvimos. La construcción tan personal de los personajes logra universalizarse: signo del buen arte y la buena escritura de guion. El carisma de los niños, construidos en base a los propios recuerdos del director, embelesa al espectador, consiguiendo el realismo necesario para transformar a My Father's Shadow en una cápsula de tiempo. Un relato temporal de una época convulsa.
La historia de la película transcurre en 1993, una década de caos para la ansiada democracia nigeriana. Akinola Davies, con una narrativa feroz y de denuncia, construye la imagen de su país, no en base a la oficialidad autoritaria militar del momento, sino en los vínculos y la ternura heredada de su padre. El paso del tiempo arrasa con todo, incluso con nuestros recuerdos más cálidos. Sin embargo, Davies ha logrado construir un escudo para proteger los suyos. La herencia que nos queda de My Father's Shadow es la voz crítica de un director emergente, cuyo talento ha demostrado ser digno del mejor cine contemporáneo.




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