Marty Supreme, el sufrimiento hacia el éxito.
- Carlos Mera
- 1 day ago
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Timothée Chalamet hará lo que sea por tener su gran deseado Oscar.

Título original: Marty Supreme.
Año: 2025.
Duración: 149 min.
País: Estados Unidos.
Dirección: Joshua Safdie.
Guión: Ronald Bronstein, Joshua Safdie.
Reparto: Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion, Abel Ferrara, Tyler the Creator.
Género: Drama | Biográfico. Deporte. Ping-pong.
Marty Reisman fue un legendario jugador estadounidense de tenis de mesa, considerado uno de los más grandes de la historia de este deporte. Nacido en Nueva York, destacó por su estilo agresivo y su dominio del hardbat, con el que ganó numerosos campeonatos nacionales incluso a edades avanzadas. Además de su carrera competitiva, fue escritor y una figura influyente en la cultura del tenis de mesa, conocido por su carisma, su espíritu competitivo y su defensa del juego tradicional.
El cineasta Joshua Safdie, decide usar el nombre de Marty Reisman, para adaptar cierta parte de una historia, con su nueva película: “Marty Supreme”. La película cuenta la historia de este buscavidas convertido en campeón de ping pong, desde que empezó a jugar por apuestas en Manhattan hasta ganar 22 títulos importantes y convertirse en el más veterano en ganar una competición nacional de deportes de raqueta, con 67 años.

Ni siquiera habíamos terminado enero y ya podíamos decir, sin demasiado miedo a equivocarnos, que en España se había estrenado una de las películas más potentes de este 2026. Y como casi siempre conviene hacer cuando se habla de cine, empecemos por el principio. En esta ocasión, aunque solo esté Joshua Safdie al mando, la película respira el mismo ADN que las anteriores obras firmadas junto a su hermano: un ritmo frenético, casi asfixiante, que empuja al espectador de una escena a otra sin darle apenas tiempo para asimilar lo que está ocurriendo. Todo sucede a una velocidad endiablada, las decisiones se toman sobre la marcha y la sensación constante es la de estar al borde del colapso, como si la película no te permitiera ni un segundo para respirar.
Esta forma de narrar no es nueva dentro de la filmografía de los Safdie. Al igual que ocurría en "Good Time" o "Diamantes en bruto", la historia se articula en torno a un protagonista que no deja de meterse en problemas y que intenta salir de ellos del modo más conveniente para sí mismo, aunque eso implique tomar malas decisiones una tras otra.
La tensión nace precisamente de ese encadenamiento de errores, de la huida constante hacia adelante y de la incapacidad del personaje para detenerse y reflexionar. Es una fórmula reconocible, pero aquí vuelve a funcionar gracias a la intensidad con la que se nos invita a acompañar a Marty en su descenso.
Sin embargo, reducir la película solo a su trama principal sería injusto. Hay muchas más capas bajo la superficie, aunque todas giren, de una u otra manera, alrededor de su protagonista. A lo largo de la película vamos conociendo a una multitud de personajes secundarios que, si bien no aportan demasiado al avance de la historia, sí sirven para perfilar y enriquecer a Marty. Cada encuentro, cada diálogo y cada conflicto ayudan a entender mejor quién es y por qué actúa como actúa. En ese sentido, la película no pretende repartir el peso narrativo: todo está al servicio del protagonista. Los secundarios, aunque bien interpretados y perfectamente funcionales, permanecen en un segundo plano y pueden llegar a sentirse algo superficiales o vacíos como individuos, pero cumplen con creces su objetivo principal, que no es otro que dar profundidad y contexto al personaje central, destacando dentro de estos secundarios a los interpretados por Abel Ferrara, Odessa A’zion y Tyler the Creator. Pero en especial a Kevin O'Leary que pese a no ser actor ofrece una interpretación de primer nivel.

En el apartado visual, la película no busca agradar ni embellecer la realidad, sino todo lo contrario. Opta por una estética sucia, cruda y directa, en muchos momentos incluso violenta, que refuerza esa sensación de realismo constante. La cámara se mueve con nervio, los encuadres son incómodos cuando tienen que serlo y la textura de la imagen transmite desgaste, sudor y tensión. Todo esto se apoya en una puesta en escena extremadamente cuidada, que, lejos de contradecir ese aspecto áspero, lo potencia. Cada local, cada calle y cada espacio en el que se mueve Marty está construido con tal precisión que resulta fácil sentirse completamente dentro de la película, atrapado en su atmósfera y en el caos que rodea al personaje. Además, la cinta no se encasilla en un solo género. Juega con varios registros y lo hace con bastante inteligencia, destacando especialmente la comedia. Ese humor, a veces incómodo y otras abiertamente irónico, sirve como válvula de escape y hace que la experiencia resulte mucho más llevadera y, en ciertos momentos, incluso divertida, sin romper nunca el tono general ni restarle peso a lo que se está contando.
Como conclusión, "Marty Supreme" se presenta como una auténtica maravilla tanto en lo visual como en lo narrativo. No estamos simplemente ante la historia de un chico que destacó en el ping pong, sino ante el retrato de un hombre obsesionado con encontrar su lugar en el mundo y en la historia. Es el relato de alguien que quiere ser el mejor cueste lo que cueste, sin detenerse a pensar en las consecuencias de sus actos. La película deja algunas de las secuencias más potentes del año y momentos de una intensidad notable. Y, sin lugar a dudas, también nos ofrece la que probablemente sea la mejor interpretación de Timothée Chalamet hasta la fecha: un actor que, al igual que su personaje, parece ir en busca de la grandeza y que, si sigue por este camino, todo indica que terminará alcanzándola.
