Torrente presidente: ¿Que tendrá que decir el sinvergüenza español de la sociedad actual?
- Álvaro García- Baquero

- 6 hours ago
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Santiago Segura vuelve a encarnar a Torrente en una entrega tan imperfecta e infantil como arriesgada y actual
Título original: Torrente presidente
Año: 2025
Duración: 103 minutos
País: España
Dirección, guión y reparto: Santiago Segura
Fotografía: Javier Salmones
Género: Comedia
Decir que la saga de Torrente es la más importante en el cine español, sería quedarse corto. Pueden ser mejores o peores sus películas, pero es innegable el impacto cultural que ha tenido. Santiago Segura creó la parodia del estereotipo español más rancio posible, el cual desgraciadamente, representa la mentalidad y frialdad de muchos españoles.
Han pasado doce años desde su última entrega, la cual fue un soplo de aire fresco para la saga después de un largo tiempo, y que podría haber sido válida como final. Tras esto, Segura ha creado un nuevo sello más familiar y blanco con la saga 'Padre no hay más que uno', pero recién ya vió el momento de resucitar a su personaje.
Segura rechazó el marketing tradicional, y ha optado por uno minimalista en un movimiento similar al de la última película de Hayao Miyazaki 'El chico y la garza' en Japón. Sin trailers, imágenes, sinopsis, reparto ni pases de prensa, las expectativas eran múltiples. La taquilla ha vuelto a acoger con ganas a este personaje después de tanto tiempo, a pesar de la apuesta arriesgada.
El cineasta y actor, advirtió sobre el contenido socio-político del filme, el cual siempre estuvo presente pero en este caso, sería el enfoque principal. Ha ofrecido muchas risas, pero también ha creado opiniones muy polarizadas sobre el contenido. ¿Que tendrá que decir el sinvergüenza español de la sociedad actual?
Una vez comenzada Torrente presidente, a primeras no parece una película de la saga. No carece de chistes escatólogicos y siempre mantiene un espíritu políticamente incorrecto, pero en cuanto a tono se siente diferente a las otras aventuras del ex-policía. Torrente siempre ha sido una caricatura, pero en este caso, es la representación del ascenso del fascismo.
Aprovechando la ignorancia y la incertidumbre de la sociedad es con lo que consigue ganarse la atención del votante. En sí el fascismo llega con la desesperación y el fallo del propio sistema, de ahí viene la ignorancia y luego el miedo. Todo esto está hecho con un tono cómico, pero la parodia se siente muy real, y eso es lo que la hace un poco inquietante.

Apenas se mencionan al principio eventos pasados como en las anteriores entregas, aunque sí que es verdad que se rescatan a varios personajes en la segunda mitad. Segura no ha vuelto hacer una nueva película de Torrente tradicional, sino que hace una sátira política tan ridícula como triste en el fondo. Utiliza a un personaje tan reconocido, que para bien o para mal, ha influido en la cultura española. Torrente en cada película, ya sea buena o mala, ha representado un momento específico en la sociedad del momento.
Cómo sátira política tiene chistes decentes, aunque sí que es verdad que el ascenso de Torrente puede resultar demasiado rápido. Al igual que algunos gags funcionan, hay unos pocos que no tanto, aunque tampoco son tan espantosas como en las horribles 3 y 4. También se hubiera agradecido si se hubiese decidido entre hacer un reboot o una continuación dentro del mismo universo. El humor tan acido y controversial no tira tanto hacia lo grotesco, como en las espantosas 3 y 4. Esta puede ser en cuanto a humor la película más suave de la saga, pero eso no quita que tenga varios momentos de humor negro decentes.
Es una ridiculización gamberra al lado infantil de las campañas políticas. La película esta llena de cameos, en los que se incluyen actores, cantantes, periodistas, políticos reales de los dos bandos y hasta figuras controversiales. Sí algo hay que reconocer a Segura es su indiferencia a la hora de burlarse públicamente de figuras tan importantes. Y a diferencia de otros medios de prensa, aquí respetamos la decisión de Segura al no hacer promoción, así que nos callamos al respecto.
Pero sí que hay que insinuar el cameo final de un actor controversial, quién ya sea ético o no contar con él, es el idóneo para encarnar el mensaje amargo de esta sexta entrega. No se trata de elegir gobierno sino de convencer a la gente que tiene opción en el voto. Pueden haber muchos mesías o rebeldes políticos, pero estos son solo un instrumento para mantener el control a la gente, haciéndoles creer que tienen derecho a voto.
El poder político es al fin y al cabo, un chiste que mantiene las desigualdades y la corrupción en el poder. Se trata de convencer a las marionetas que pueden liberarse de las cuerdas, sin realmente romperlas. El ascenso del fascismo es consecuencia de la fácil manipulación emocional para mantenerse en el poder. Pero este mismo mensaje también se puede dar con una idea revolucionaria, uno se cree que puede liberarse o cambiar las cosas a su gusto. Al final aplica para todo el mundo que nadie, ya sea por ambición o rebeldía, puede ser realmente libre.
Crítica con la supremacía derecha y demasiado nihilista para la izquierda, todo acaba siendo como el patio de un colegio, uno rodeado por barrotes. Puede que sea la entrega con el humor suave de la saga, pero también es la única que tiene un final triste. No es perfecta, tampoco es la mejor comedia o la más inteligente, pero sí es de las más necesarias en nuestro país de cara a la audiencia general. Una reflexión tan infantil como tristemente cercana. Torrente, nos gusté o no, es la encarnación del lado tan ridículo cómo oscuro de España




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